Esteban Levin, presentó su libro “Pinochos, marionetas y niños de verdad” en la UNLZ

En la publicación, utiliza al “niño de madera” como metáfora de las etapas de auto-conocimiento que todo infante atraviesa a medida que crece. La figura del muñeco Pinocho funciona como un paradigma de la infancia ya que marca el deseo infantil de ser deseado y entendido por el otro.

esteban levin en la unlz

El psicólogo y especialista en niñez y desarrollo psicomotriz, Esteban Levin, dio una conferencia en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, donde presentó el libro en el que analiza la realidad de los estudios psicológicos en los infantes para responder a la pregunta ¿cómo se hace para ser niño?

Levin remarcó que “este libro se inspira en la figura metafórica de Pinocho, que permite ver a la infancia desde un nuevo campo, donde los niños se van transformando en personas a medida que adquieren conocimiento”. Según relevó Argentina Investiga, la obra permite recorrer las diferentes etapas de auto-conocimiento que todo infante atraviesa en la medida en que crece. En la historia se marca que la principal necesidad de los niños para transformarse en sujetos es verse reflejados en otros para poder existir, ese es el punto inicial para crear su identidad. Gracias a este estadio se genera la relación entre ese niño que no es sujeto con su propio cuerpo, con su propia mente, en el caso del personaje del cuento, se marca la relación con su propia subjetividad. Por ejemplo, cuando miente, su nariz crece, o cuando guarda un secreto, su boca se cierra.

El personaje de la historia funciona como un paradigma de la infancia, marca el deseo infantil de ser deseado y entendido por el otro. El investigador remarca: “No hay un objeto que permita satisfacer ese deseo, por eso se busca algo inalcanzable, en este momento se transmite la humanidad al muñeco que quiere ser niño, o al niño que quiere ser humano, el cual necesita mentir, negar la realidad y crear otra, porque al hacerlo el cuerpo de madera se ensancha para transformarse en plástico”.

Otro punto trabajado en la charla fue: ¿cómo se hace para ser niño? Levin responde al problema marcando que esa es una pregunta que nadie puede responder porque el infante no puede hacerla, su conocimiento no se lo permite. Esta limitación propia de la edad trae consigo la incapacidad de los expertos de poder “empatizar” con el niño, por lo que ante la aparición de dificultades se prefiere hacer un diagnóstico que estudiar el caso más en profundidad. El experto opina que “la infancia enseña a escribir para el otro, a compartir conocimiento, construyendo experiencias con aquella parte de ese lazo social, que si no se genera en ese momento es imposible de recuperar, hay una especie de sinapsis social que promueve el conocimiento y la confianza en el otro”.

Es decir que si el niño no genera conexiones con otros, puede haber aprendizaje pero no nuevas conexiones o plasticidad, no se crean experiencias que sean significativas marcando la personalidad de ese sujeto en formación. Esto es necesario para superar las limitaciones tanto físicas como espaciales con las que se encuentre el infante, el cual gracias a esto puede tener vínculos tanto con su propio sentido como con otros sujetos. Es en ese momento donde toma importancia el papel que juega Pinocho, donde se permite la evolución del sujeto y la plasticidad simbólica se fortalece, mostrando la necesidad por parte de los especialistas para ponerse en el lugar del otro.

Levin se inspira en Pinocho y así permite generar una nueva óptica desde donde estudiar la infancia. Este personaje marca la analogía donde el saber se adquiere y no es algo que venga ya dado.

Por Noelí Cristti / Julián López

Fuente: Argentina Investiga

 

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